
Malos tiempos los que nos toca vivir, económicamente hablando. Tras el río revuelto de la bonanza urbanística, toca corregir los errores cometidos y establecer nuevos retos que nos devuelvan al entorno de la productividad. Las miradas se vuelven a los poderes públicos buscando una nueva ordenación de la economía, dado su poder de intervención. En este nuevo marco hay todavía personajes que se resisten a cambiar de discurso y defienden el modelo del liberalismo a ultranza: el mayor de sus defensores, nuestro Alcalde. A modo de disco rallado, y en absoluta contracorriente, sigue martilleándonos con su alabanza de las teorías neoliberales de doña Esperanza Aguirre. Claro, que primero debería entender la teoría básica de la macroeconomía. Sin embargo, sigue empeñado en que poner en manos del público más renta, al bajar los impuestos, genera más empleo. Frase repetida hasta la saciedad en todas sus alocuciones, reduciendo a una simpleza insultante todo un complejo fenómeno como es el flujo circular de la renta, el cual depende de muchos más aspectos y variables económicas. Y no hace falta saber economía política para saber que un hogar o una empresa que se ahorra al año 20 euros en rebaja de impuestos no van a generar empleo alguno. No sé en qué libro le habrán dado el curso acelerado de economía a nuestro edil, pero debería saber también que un ente local como un Ayuntamiento, no se dedica precisamente a realizar tareas de ese tipo, al menos uno del tamaño del nuestro. Por otro lado, el creer que en una economía como la de la Comunidad se recauda más bajando los impuestos, es del todo falso pues la reducción fiscal directa sí habrá sido recortada pero no así los impuestos indirectos, ¿o acaso los nuevos hospitales de Madrid no han sido financiados, entre otros, por el céntimo sanitario de uno de los combustibles más caros de España? Desde luego no han salido de una mejor gestión, sino de los bolsillos de todos nosotros, pagando determinados bienes y servicios más caros. Así pues las cosas claras.
Y no es claridad tampoco lo que abunda en nuestro gobierno municipal, tan dado a no rendir cuentas, literalmente hablando. Las mentiras son tan obvias que o bien son fruto de un cierto prejuicio hacia la ignorancia económica del ciudadano, o bien tienen su origen en la más absoluta incompetencia por parte de quienes se encargan de realizar las cuentas en nuestro municipio. Más bien lo segundo, pues subir el IBI un 25%, no es exactamente bajar los impuestos. Estas afirmaciones, así como los datos que se van conociendo sobre la gestión económica del Ayuntamiento, hacen que se enciendan las alarmas y podamos estar asistiendo al mayor endeudamiento jamás conocido en nuestro pueblo, del cual podríamos estarnos lamentando durante varias legislaturas, aunque no estén ocupando los sillones aquellos que lo produjeron. Sin datos, sin cifras, no podemos calcular el alcance del desastre y, lo que es más importante, las medidas correctoras para atajar el problema con suficiente antelación. Parece que a toda la corporación le da igual que el agua le vaya subiendo al cuello, en lugar de empezar a nadar, esperarán a que les alcance la boca y no puedan ni hablar pues se ahogarán en sus propios errores.
Es hora, por tanto, de la valentía. De hacer frente a tanto desvarío y plantar cara a un Gobierno que evita la gestión y conduce al desastre. Se hace necesaria una intervención más ardua y beligerante de la oposición, incluso de aquellos que no alcanzaron representación, informando y planteando alternativas. Es tiempo ya de que los medios de comunicación independientes se rebelen, aún con más fuerza, analizando y debatiendo soluciones a tan lamentable estado de las cosas. Y somos los ciudadanos, principalmente, los que debemos plantar cara, a todas horas y en cualquier lugar, a nuestros representantes, a los gestores de nuestro dinero para que lo administren de forma adecuada, buscando el auténtico interés general, y no el disfrute y el chollo de unos pocos.





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