domingo, 22 de junio de 2008

Pobre Don Tomás Trabado. Dos veces ignorado a lo largo de la historia.

En 1737, nace D. Tomás en San Martín y ya en su infancia demuestra grandes dotes para los números. La aritmética es una de las habilidades en las que destaca en sus tiempos de escuela. En su juventud emigra a Toledo, donde consigue llegar a ser un comerciante de éxito generando un pequeño patrimonio, pero donde realmente consigue un éxito en los negocios es en Valencia donde, dedicándose al comercio del tabaco, hace una gran fortuna. Antes de marchar de este mundo y al no tener descendencia decide donar una cantidad de dinero bastante considerable para la época, así como fincas, etc... para la construcción de unas escuelas en el pueblo que le viera nacer. Se funda un patronato para gestionar mejor ese patrimonio, todo parece ir viento en popa; los escolapios son gestores con buen hacer de dichas escuelas hasta que…, sus legítimos herederos vienen a San Martín exigiendo la herencia. Por primera vez en la historia, D. Tomás es dejado en evidencia por unos impresentables sin escrúpulos y haciendo caso omiso a sus deseos de fundar unas escuelas en San Martín.
Año 2008, pleno del 9 de junio, el equipo de gobierno, en contra de un acuerdo tomado por la corporación anterior, y por unanimidad en el pleno de 25 de enero de 2007, de poner el nombre del colegio de nueva construcción en honor de Dª. Verena Quirós, decidió, después de defender el nombre de Tomás Trabado como postulante para dicho honor, “dejarle tirado” por segunda vez en la historia, y tras un breve debate con el concejal socialista, debió de avergonzarles que no conociera nadie a D. Tomás Trabado Delgado y así mismo, difícil de defender su brillante trayectoria ante los vecinos, algo que para el equipo socialista es muy triste, pues no creemos que el insigne paisano de San Martín merezca esos defensores tan poco fieles que en la primera oportunidad le dejan en evidencia, pidiendo finalmente votar el nombre de San Martín de Tours para el colegio, como si fuera esa una espontánea idea, producto de una imaginación prodigiosa.
Creo que a San Martín, no podemos darle más honor que el nombre del pueblo entero.

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