lunes, 11 de febrero de 2008

Amores que matan

De Esperanza Aguirre no puede decirse precisamente que sea una mujer que utilice armas femeninas para hacerse con el poder. Sólo una vez la hemos visto llorar, cuando fue interpelada por los beneficios de una herencia familiar. Su carrera política es un enjambre de logros y lucha tenaz contra opositores. Ha ganado una presidencia en una segunda elección, ha sobrevivido cual superhéroe a una caída de helicóptero, su peinado intacto y el semblante impecable. Y roza el liderazgo de su partido sorteando los peligros de su propia tela de araña. Su terrible relación de 25 años con y contra Alberto Ruíz-Gallardón la lleva a protagonizar este ranking de parejas imposibles, porque en ellos se mezclan la diferencia de edad, un mismo techo partidista, cierta condición de carroñeros luchando por la silla del césar con el césar aún vivo y, sobre todo, la confusión de personalidades.

A Esperanza le gusta aparecer como la abuelita versión 2000 de Caperucita Roja, siempre sonriente, afable, de máxima educación y bonhomía, como si en su casa estuviera esperando la tarta humeante de arándanos recién escogidos del bosque. Gallardón, en cambio, con sus cejas hiperpobladas, parece el lobo. En la vida real, todos sabemos la verdad. La abuelita ha devorado al lobo: en el ascensor compartido tras la defenestración del alcalde como posible diputado, la simpática abuelita le dijo que no se pusiera así, enfurruñado y amenazante, que al final los dos seguirían donde ya estaban. Otras veces le ha sugerido que calladito está mejor y en pleno furor de una biografía suya donde demostraba su absoluta animosidad al compañero de partido, apareció en una fiesta deslumbrantemente vestida de hada. En ese juego de personalidades confusas, Alberto y Esperanza son la antítesis de las teorías del machismo imperantes en nuestra cultura. La mujer es dominante, terriotorializa mezcla de loba romana y águila imperial. El varón es cordero, inesperadamente, refugiándose en la revancha, que precisamente ha sido siempre una de las más eficaces armas femeninas. Alberto y Esperanza, en su culebrón, son dos villanos destinados a durar muchos capítulos.

La vida, lamentablemente, no es un culebrón, pero es fascinante que la política europea actual se preste ávidamente a imitarlos.

Extraído de El País Semanal, Nº 1637, del reportaje de Boris Izaguirre titulado "Historias de pareja"

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